EL VERDADERO ENCUENTRO CON CRISTO, EL CASO DE SÁULO DE TARSO.

LOS 4 VIDEOS DE ESTA REFLEXIÓN:


La conversión de Sáulo de Tarso, o Pablo, es la más famosa de las conversiones en toda la historia de la Iglesia; Lucas la narra en  (Hch 9:1-19) y en el mismo libro, aparece Pablo narrándola, en 2 ocasiones: (Hch 22:6-16) (Hch 26:12-18).

Hechos 9.1, empieza la narración diciendo:
Sáulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que…

Vamos a considerar, aquí, seis características del encuentro que Sáulo de Tarso tuvo con Jesús.

1. EL ENCUENTRO FUE INICIATIVA DIVINA.
Sáulo de Tarso era un hombre inteligente, de alta preparación; político, religioso irreprensible, piadoso, temeroso de Dios, conocedor de la Escritura y muy celoso de sus tradiciones y creencias.

Sáulo tenía:
Preparación
Prestigio
Autoridad
Religión
Y, fuerte convicción de sus creencias y deberes sociales.

Sáulo creía en Dios, pero no le conocía; tenía religión, pero no salvación; era conocedor de la Escritura, pero ignorante de Dios; obedecía la autoridad terrena, pero no la autoridad divina.
Sáulo lo tenía todo y a la vez no tenía nada…

Pero el poderoso y feroz perseguidor de los cristianos, llegaba a su fin; tendría un encuentro inolvidable que le daría un giro de 360 grados a su vida.

Hay dos formas de encontrarse con Dios: Por iniciativa humana, y por iniciativa Divina.

Por iniciativa humana, tenemos el ejemplo de Zaqueo, que procuraba ver quien era Jesús, y venciendo todos sus impedimentos, logró mirarle y obtener así su salvación. (Lucas 19.1-10).

Cuando el hombre busca de todo corazón un encuentro con Cristo, lo tendrá, como en el caso de Zaqueo.

La otra forma de encontrarse con Dios es…
Por iniciativa divina, como el caso de Sáulo.

Sáulo no andaba buscando a Cristo, pensaba que en su religión tenía todo lo que necesitaba ante Dios, y que todos los cristianos estaban equivocados y que deberían mejor seguir la  religión que él tenía…a las buenas, o a las malas.

No fue Sáulo quien buscó al Señor. Fue Cristo quien lo encontró, para darle salvación y hacerle el último de sus Apóstoles.

Así lo reconoció después Sáulo: Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí…”  (Gálatas 1.15-16).

Si tú buscaste a Cristo, y le encontraste; o si Cristo te encontró a ti, en ambos casos, todo ha sido por la pura voluntad de Dios, quien te ha permitido encontrarte con tu Señor. Cristo lo dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere…” (Juan 6.44).

2. EL ENCUENTRO NO FUE EN UN LUGAR ESPECIAL.
“Al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente…”

El encuentro de Sáulo con Cristo, se dio en el camino a Damasco, no en un lugar acondicionado especialmente para tal efecto, ni con enseñanzas ni ministraciones, ni lavados de cerebro de nadie; ni le costó nada de dinero ni tuvo que hacer “pactos” o “siembras” en el ministerio de nadie, ni tuvo que hacer “declaraciones” ni “actos proféticos”, ni nada. Que no te engañen. Todo eso sólo enriquece a los “vividores del evangelio” quienes buscan su propia gloria y provecho.

Hay falsos ministros vendiendo la idea de que un encuentro con Cristo, sólo se da en sus actividades bien cobradas, donde además te sacan dinero extra. Negocio puro. Dios no necesita ni lugar, ni ministros, ni enseñanzas especiales, ni tu dinero, ni nada, para llegar a ti.

Cuando Cristo quiera llegar a ti, llegará; y cuando tú quieras encontrarle de todo corazón, le hallarás, en el lugar que le invocares.

Tu encuentro con Dios no requiere de lugares especiales ni que pagues nada a nadie.

3. EL GENUINO PODER DE DIOS, MANIFESTADO.
En ese encuentro, se manifestó el poder de Dios, de las maneras siguientes:

a) La gran luz resplandeciente.
Sáulo continuando con su relato, dijo:

“Como a mediodía de repente me rodeó mucha luz del cielo; vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y los hombres que iban conmigo se pararon atónitos, (vieron a la verdad la luz, y se espantaron)”.

b) La caída de Sáulo y de sus hombres, a tierra
Y habiendo caído todos nosotros en tierra.”

No sabemos si Sáulo y sus hombres iban a pie o en caballo a la ciudad de Damasco. En algunas obras de arte lo han dibujado en un caballo, y muchos comentaristas afirman que no iban a caballo. La Biblia no lo dice, pero su viaje a Damasco implicaba recorrer 225kms, y llevando prisa, no creo que se hubieran animado a viajar a pie.

Sea como sea, todos cayeron a tierra, no sólo por la impresión, sino por la Gloriosa presencia de Jesús.

Algo similar le pasó a Juan, cuando Cristo va a darle el último libro Inspirado, El Apocalipsis, dice: Cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. (Ap. 1.17).

Se trata de una caída espontánea, sobrenatural, que no provoca daño alguno, ni es provocada por nadie.

Muy diferente a las caídas provocadas por imposiciones de manos amañadas, por falsos ungidos ministros, sólo para hacer alarde de una supuesta unción, de la cual carecen.

Ante la presencia de Dios, la carne se rinde, se postra, se abandona, cae sin fuerzas; en plena y muda adoración a su creador.

Es una caída donde no se pierde la conciencia, y uno queda en manos de Dios para que le ministre algún don, fruto o ministerio; o simplemente para recibir paz, gozo, dirección, fortaleza, etc.

En otros casos, Dios derriba al hombre con amor y misericordia, no para hacerle daño, sino bajarle de la plataforma de poder, soberbia y rebeldía;  para mostrarle cuán indefenso y frágil se es ante Dios.

Muchos hombres necesitan ser derribados por Dios, para que puedan darse cuenta de su propia pequeñez y de su insignificancia.

c) La voz
“Oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Sáulo, Sáulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
Y los que iban conmigo, oyeron a la verdad la voz, pero no entendieron”.

d) La aparición de Jesús
Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti…
Pero los hombres que iban conmigo no vieron a nadie”.

A la humillación de verse en tierra, totalmente indefenso, Sáulo tiene que sumar un golpe devastador a todo su sistema religioso: su sumo sacerdote, sus líderes religiosos, y él, estaban totalmente, equivocados. Los discípulos de Cristo tenían toda la razón, el crucificado no está muerto, ¡Cristo vive!

Como si Sáulo dijera: “Lo estoy viendo, lo estoy escuchando, me conoce… ha dicho mi nombre, y estoy indefenso, tirado ante Él yo, y todos mis hombres…”

e) La ceguera de Sáulo.
Entonces me levanté de tierra,
y abriendo los ojos, no veía a nadie (a causa de la gloria de laluz)”.

Es asombroso, que, aunque todos vieron la luz, sólo Sáulo quedó ciego.
Es como si Cristo le estuviera demostrando a él, con esa ceguera física, que así ha estado en su religión: ciego espiritualmente.

4. AHORA SÁULO TENÍA LA OPCIÓN DE OBEDECER, O DAR COCES AL AGUIJÓN:
“Oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Sáulo, Sáulo, Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón”.

En la época de Sáulo, este proverbio se empleaba para describir la inutilidad de resistirse a la autoridad o poder superior.

"Aguijón", era el nombre que se le daba a una vara de madera larga, con punzón o parte afilada al final, que se usaba para arrear a un animal de tiro y dirigirlo.

Dar coces contra el aguijón literalmente se refiere a la acción testaruda e inútil de los caballos que a veces reaccionaban, por instinto, dando coces o patadas hacia atrás, cada vez que el campesino les hincaba el aguijón, para dirigirlos. De esta manera expresaban su inconformidad, su molestia, su impotencia, su ira de ser punzados y tener que obedecer. Pero lo único que lograban era enfurecerse más, al punzarse más profundo ellos mismos, y al recibir más aguijones para que obedezcan.

 "Dar coces contra el aguijón" significa oponerse o resistirse a una fuerza superior sin razón ni posibilidad de vencer; eso era hacerse daño, perjudicarse uno asimismo y perder.

“Dar coces contra el aguijón", es la vana resistencia del hombre a la gracia divina, cuando Dios le llama para salvación y/o para el ministerio; y para dirigir su vida en sus propósitos divinos.

Cristo llegaba en ese momento a la vida de Sáulo, y se le presentaba; y como si le dijera: “Sáulo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; veme, aquí estoy. Y ahora tú tienes dos opciones: seguir en mi contra, o hacer lo que yo te diga. Pero antes que decidas, te recuerdo que: “Dura cosa te es dar coces contra el aguijón”.  

Amigo, cuando Dios llega a tu vida, es inútil que te resistas, no puedes ganarle. Lo único que conseguirás es lastimarte más y más, tú mismo. No sufras ni te lastimes. Mejor obedece a tu Señor y sé más feliz dentro de los propósitos de Dios que te ama y quiere lo mejor para ti.

Lo mejor que debes hacer es como hizo Sáulo de Tarso, en ese momento tan crucial: tomó la mejor decisión de su vida, cuando aún en tierra,  temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?

5. SÁULO FUE MINISTRADO POR UN DISCÍPULO PIADOSO Y DE BUEN TESTIMONIO.
“Y Ananías, poniendo sobre mí las manos, dijo: Hermano Sáulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.”

Y al momento me cayeron de los ojos como escamas, y recibí al instante la vista; Y él me dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.”

Ananías no era uno de los 12 Apóstoles, era sólo un discípulo en plena comunión con Dios.
Dios puede usar la vida de cualquiera de sus hijos, para cumplir sus propósitos,  no sólo de los “grandes ministros”.

De Ananías no se habla nada, antes, ni se menciona después de este acontecimiento.

A diferencia de “los grandes ministros de ahora”, Ananías no aprovechó la ocasión para hacerse campañas de publicidad como “gran ministro ungido”, para ganarse adeptos. Ni le pidió a Pablo una generosa ofrenda de fe, o de gratitud por haberle hecho recuperar la vista; ni le pidió promesas, ni siembras de nada, como hacen hoy los falsos ministros.

Todos los que tienen algo de Dios, lo recibieron de gracia, sin darle a Dios un solo centavo; por eso es de gracia. De otra forma sería comprado. Y los que de gracia han recibido de Dios, de gracia lo comparten con otros. Los que te cobran para ayudarte a tener “un encuentro con Dios” o “para ministrarte”,  esos son “los vividores del Evangelio”. Apártate de ellos.

Y por último…

6. EL ENCUENTRO PRODUJO CAMBIOS POSITIVOS,  GENUINOS Y DURADEROS.
El encuentro de Sáulo de tarso con Jesús, sirvió para darle salvación y ministerio. Sáulo, el fiero perseguidor de la iglesia se convirtió en el más grande defensor y promotor del Evangelio. De enemigo de Cristo, a sufrido Apóstol del Señor.

Los cambios genuinos se dan en el alma, cuando la mente y voluntad caen rendidas ante su Señor. A diferencia de esas actividades encuentristas, donde sólo se manipulan las emociones y la mente, pero que no producen una transformación interna, positiva y duradera. Pasada la emoción, termina la buena acción y se vuelve a la vida pasada. Sólo se perdió tiempo y dinero, para beneficios de otros.

El encuentro real con Cristo, siempre producirá cambios, transformaciones genuinas, positivas y duraderas. Y todo esto, es gratis, de Gracia. Regalo de Dios para ti.




Estimado hermano, deseo que tu encuentro con Cristo haya sido genuino y esté siempre en tu mente, en tu diaria comunión y servicio a tu Señor.

Estimado amigo, tú puedes tener un encuentro con tu Señor, hoy, en el lugar que te encuentres, sin pagarle nada a nadie. Sólo cierra tus ojos, dobla tus rodillas, y clama con todo tu corazón a tu Señor Jesús; y Él estará a tu lado para escuchar tu arrepentimiento, entrar en tu corazón y hacerte una nueva criatura.


Soy Genaro, tu hermano en Cristo.



Muchas bendiciones para el pueblo de Dios, y ¡hasta la próxima!

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